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“¡Soñé que vendíamos tostadas y nos iba bien!… ¡Y afortunadamente, así fue!” 
Cuando los hermanos Arévalo tuvieron que abandonar el sueño americano, se sintieron fracasados. Sin embargo, la tragedia del padre accidentado en México, con los años se convirtió en una bendición.
Era 1985 y con el dinero acumulado, fruto del trabajo en Estados Unidos, decidieron iniciar un negocio. Pusieron varios negocios, pero ninguno funcionó. Hasta que un día el mayor de los hermanos, les dijo: ¡Soñé que vendíamos tostadas y nos iba bien!
-¡Y afortunadamente, así fue!- narra Hugo Arévalo, el menor de los hermanos quien al igual que los demás de la familia, recibió una pequeña máquina para procesar 5 bolas de masa cada tercer día, con lo que producía 30 paquetes de masa para tostadas, mismos que distribuía en 10 puestos diferentes de comida.
Las tostadas preparadas con una extensa variedad de guisados pronto se hicieron famosas, desde Guadalajara hasta Zapopan, pasando por San Francisco del Rincón y Encarnación de Díaz.
Y eso fue suficiente para que el menor de los hermanos buscara la independencia empresarial, para convertirse en distribuidor de masa pre-cocida, con lo que inició formalmente la compañía Tostadería Arévalo.
Hace un año, Hugo Arévalo recibió financiamiento del Programa de Apoyo a Proyectos Productivos, vía Fondo PYME, con el que completó la inversión para construir un sistema intensivo de producción, y procesar entre 36 y 40 toneladas de masa al día, convirtiéndose en distribuir de los puestos de tostadas que ya había cedido a sus ex empleados.
Actualmente, en esta empresa laboran directamente 160 personas y cientos más se benefician indirectamente como proveedores y prestadores de servicios, gracias a la Tostadería Arévalo.

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